En las últimas semanas, Bielorrusia ha estado en el foco de atención con protestas masivas en contra del denominado “último dictador de Europa”, Lukashenko.

Según el reportaje de Wired el movimiento bielorruso es análogo a la primera árabe, en donde las redes sociales son una parte fundamental para la congregación y organización de las protestas, pero la plataforma propulsora no es Facebook o Twitter sino más bien Telegram, que funciona como un aplicación de mensajería pero también como propagación de noticias.

 Las redes sociales pareciere tener efectos positivos cuando los regímenes totalitarios desean coartar la libertad de sus ciudadanos, y quedan como los únicos métodos de propagación de noticias, organización y congregación. Pero pareciere que las redes sociales en democracias liberales, en donde existe una diversidad de medios de comunicación, son más dañinas que liberadoras.

Inicios

Con el ideal de querer conectar personas, las redes sociales ampliaron sus modestas bases de usuarios a principios del 2000, a pasar a ser verdaderos gigantes y representar una proporción importante de los usuarios con conexión a internet.

El problema es que las redes sociales han cambiado su objetivo de conectar personas, a pasar a ser grandes redes de contenido, en donde son la principal fuente de información, algunas encuestas enfocadas en Estados Unidos y Reino Unido estiman que un poco más de la mitad de los usuarios consume noticias desde las redes sociales.

¿Por qué esto suele ser visto como un problema? Esencialmente las redes sociales estan funcionando como un periódico, el cual contiene “líneas editoriales”. Facebook o Twitter pueden negar la propagación de ciertas noticias, dado que no cumplen con los términos y condiciones del sitio, las cuales son decididas bajo el criterio de sus ejecutivos, en vez de una mediación y acuerdo público. De hecho, usuarios de la derecha más extrema en Estados Unidos han llegado al extremo de crear su propia red social llamada Parler al sentirse excluidos de Facebook o Twiter.

Tampoco es nada nuevo que la tendencia política de Sillicon Valley es más cercana a los demócratas que a los republicanos tal como lo indica un estudio de Stanford. Por lo tanto, ¿Cómo se genera un balance entre opiniones sin generar ostracismos en los silos de información?

Polarización

Uno de los principales objetivos de las redes sociales es maximizar el tiempo que cada usuario permanece en el sitio, aumentando así los anuncios visualizados y respectivos clicks con lo que finalmente aumentan sus ventas y ganancias.

Para captar esa valorada atención los algoritmos de cada red social ofrecen recomendaciones similares a preferencias que hemos indicado previamente, por ejemplo a quienes hemos seguido o los post que nos han gustado, por lo cual el algoritmo se preocupa de proveer una curatoría de contenido similar al anterior, haciendo muy difícil la tarea de mostrar contenido novedoso o opuesto a la cosmovisión del usuario.

En términos prácticos esto se ha visto plasmado en la política estadounidense, en donde el votante medio se ha tendido a extremar sus visiones más cerca del extremismo, que al centro, tal como lo indica Pew Research.

Fuente: https://www.facinghistory.org/sites/default/files/Explainer_Political_Polarization.pdf

Tal como lo describe de manera temprana Cass R. Sunstein en su libro Republic.com 2.0 en el 2007, las redes sociales generan silos entre los sujetos que las utilizan, perpetuando las cosmovisiones de cada grupo, desarrollando fragmentación y polarización política.

Es extremadamente desafortunado cuando las nuevas tecnologías son usadas para incrementar la probabilidad de que los miembros de diversos grupos eviten visiones contrarias.

republic.com 2.0 Cass r. sunstein (p.215)

Además, diluye el espacio público en donde los filtros y personalizaciones son la norma en lo que podríamos llamar el espacio público online. El espacio público tal como lo indica el autor permite el desarrollo de momentos inesperados.

Los encuentros sin anticipación son centrales para la democracia misma. Tales encuentros involucran tópicos y puntos de vista que las personas no han buscado o que pueden encontrar bastante irritantes. Son importantes para evadir la fragmentación y el extremismo.

republic 2.0 Cass r. sunstein (p.5)

Centralización

Las redes sociales por lo tanto crearon nuevos espacios pseudo públicos de interacción y opinión inexistente anteriormente, al menos en la escala de las redes sociales que tienen un alcance superior a los 2 mil millones de personas. De hecho cambian la morfología del intercambio, en el sentido de que es primera vez que un solo “ente” privado monopoliza este espacio público, en contra posición a las capas de opinión pública tradicionales.

La centralización concentra una multiplicidad de desafíos que suelen ser minimizados y las supuestas soluciones provienen de las mismos sujetos que las fundaron, como si ellos mismos fueran los salvadores. Uno de los desafíos más significativos es la polarización que es un subproducto de la falta de empatía y odio que estas redes generan. Pero el error es fundacional dado que existe una falta de ética y moralidad, la filosofía de “conectar personas” es anticuada y pareciere ser completamente lo contrario.

Otro desafío que es interesante es la moderación de contenido. Dado que el contenido es producido a tal volumen que es imposible de procesar de manera manual, estas compañías se han visto obligadas a generar algoritmos con inteligencia artificial para poder detectar cuando alguien ha abusado sus términos y condiciones.
Tal como lo indica la agencia que regula las comunicaciones en Reino Unido, Ofcom, la moderación de contenido en base a inteligencia artificial posee limitaciones en torno a la clasificación de contenido de odio con respecto al contexto o también a contenido basado en imágenes, especialmente como memes.

Además, las redes sociales no han estado libre de controversias, respecto a la censura sobre todo cercano al proceso de elecciones que culmina en Noviembre para la elección del próximo presidente de Estados Unidos. Twitter censuró un artículo del New York Post, dado que contenía fuentes de información basadas en un hackeo a una cuentas del correo electrónico del hijo de Joe Biden, Hunter Biden. Dada la presión de sectores republicanos, la censura fue levantada por parte de Twitter, lo que demuestra lo arbitrario de la censura.

Es decir, la solución que las redes sociales tratan de otorgar con la censura de discursos de odios terminan coartando la opinión pública y la libertad de expresión, más allá de la posición política.

Finalmente, cabe destacar que la centralización también es concentrada en una pequeña proporción de generadores de contenido, descrito en investigaciones de Pew Research, 80% del contenido es generado por el 10% de los usuarios. Es decir, si todos podemos comentar y crear tweets en este caso, solo un minoría es escuchada.

Fuente: https://www.pewresearch.org/internet/2019/04/24/sizing-up-twitter-users/

Por lo tanto, si es que existe una recompensa a la polarización dada su mayor popularidad, esto perpetua visiones más extremas pero con un completo vacío de racionalidad y sentido común.

Libertad de expresión

La corriente liberal clásica ha venido perpetuando el principio de libertad de expresión con cierta resistencia recientemente. La corriente desde John Stuart Mill, que argumentaba que existe cierta ganancia a escuchar la opinión contraria, incluso si esta en lo incorrecto. Tal como lo indica en su ensayo “On Liberty”.

Es el compromiso de decidir la pregunta por los demás, sin permitirles escuchar que puede ser dicho por el “sector” contrario lo cual denuncio y desapruebo.

ON LIBERTY JOHN STUART MILL (P. 28)

Mill al inicio de este ensayo está principalmente preocupado de la falibilidad de los enunciados que uno pueda albergar. En otras palabras, ¿cómo puedo estar seguro de lo que creo como verdadero es completamente cierto?
Mill mantiene un concepto proto-popperiano, en el sentido que añade un grado de incertidumbre a lo creemos como cierto, dando espacio a las opiniones contrarias para elaborar sus argumentos.

Ahora, ¿Qué tiene que ver esto con las redes sociales? Bueno, si las redes sociales son el medio moderno de discusión pública con todos los pormenores comentados anteriormente, es imperativo que la libertad de expresión sea respetada, tal como la gran mayoría de sociedades liberales lo albergan en sus declaraciones de principios. Pero dado que como hemos comentado antes, las redes sociales se rigen por términos y condiciones decididas por fuera de la esfera pública, ¿Cómo pretendemos al largo plazo mantener este derecho?

Es el caso del transgénero, siendo un tópico especialmente acalorado en los Estados Unidos, donde ha sufrido una censura especialmente delicada a sectores no solamente de extrema derecha en donde se podría minimizar el fenómeno, sino también a académicos que están en contra del supuesto consenso público, como la doctora en psicología Debra Soh entre otros, ha existido una censura permanente supuestamente en pos de defender a las minorías transgénero, dado que las publicaciones de los académicos han sido clasificadas de transfóbicos. Lo carente de lógica en este concepto es ¿Quién define que es transfóbico? pero quizás más importante aún porque tiene que ser digno de censura? Tal como indica el razonamiento de Mill, no debería ser la propia opinión pública la que juzgue?

Conclusión

Al igual que el documental llamado The Social Dillema lanzado en Netflix concluye que es prácticamente imposible que las compañías más grandes del mundo cambien su comportamiento en torno a su principal fuente de ingreso, el cambio solo podría ocasionarse desde la regulación desde la esfera pública, a lo cual yo estoy de acuerdo. Pero además dejan de lado o no hay suficiente enfásis en reforzar la idea de que si esto no es hecho a tiempo, podríamos ver morir al periodismo tal como lo conocemos junto con avances cada vez más profundos a gobiernos autoritarios y populistas. No es coincidencia que las redes sociales provean de ficciones paralelas a las conocidas para que las narrativas de cada grupo político sean vistas como narrativas más congruentes, el rechazo al calentamiento global, una de ellas.

Finalmente creo que estas tendencias también fomentan el relativismo o la verdad propia, lo que hace el discurso público aún más difícil en conjunto a los desafíos de la polarización, centralización, censura y edición de contenidos antes comentado.